viernes, 13 de febrero de 2015

En el país de los pájaros

Me preguntas porqué vuelo.
Pero no te interesa volar.
Permíteme explicarte
Cómo se viven los días
acá en el país de los pájaros.

Primero tendrías que volar
Y sentir el viento contra tu rostro.
¡Ah!, Pero antes de volar,
necesitas crecerte unas alas,
esas que tan pronto como empiezan
a esbozarse en tu rígida espalda,
solo llegan a ser plumas
que no dejas madurar.

Después necesitas entregarte.
Permitir que te penetren
la espada del placer y del vacío,
el calor de la incertidumbre
y el desespero por tierra firme.

 Entonces te abres, te entregas.
Te desdoblas, te conectas.
Como flor, en búsqueda incansable
de calor de sol, de agua de lluvia,
de la brisa que engaña la piel.

Al final será imposible separarte, 
dejar de ser pájaro y ser persona otra vez.
Una vez que pruebas el vuelo,
una vez que dejas que el viento
entre en tus poros.
Se queda en ti. Se vuelve tú.

Y el pájaro se vuelve uno con el viento.
Pero el viento sigue siendo viento.

Y sigue haciendo a otros pájaros volar.