domingo, 30 de octubre de 2011

en un cajón


Hoy hable de ti otra vez, y luché para no decir tu nombre en voz alta.
Hoy hable de ti otra vez, al igual que ayer, y que los otros trescientos sesenta y tantos días que han transcurrido desde hace un año.
Hoy pensé en ti, y me mentí. Mordí mi lengua para no decir que aún te amo.
Que mi corazón dice tu nombre en cada latido y que los poros de mi piel exudan tu aroma.
Hoy hable de ti otra vez y no pude evitar sentir que te extraño, que deseo sentir tu cabello en mi cara y mis manos en tu vientre.
Que deseo que tus dedos se entrelacen con los míos y que veamos las estrellas y escuchemos los poemas de ese libro que va contigo a todas partes.
Como ahora vas tú conmigo desde que te conocí. No te llevo en hojas escritas, no te llevo en poemas leídos por multitudes. Te llevo solo en mi piel, en mi recuerdo, en cada nueva convicción y en cada viejo precepto derrumbado.
Quisiera que fueras ese libro, y dejarlo olvidado en un cajón, como ciertamente tú lo hiciste con nuestra historia.

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